Guajira

La Familia, la propiedad privada, y…. El amigo

En clases con los estudiantes recuerdo algunas posturas que pretenden justificar una idea del Estado como respuesta a la personalización del poder, es decir extraer la idea de superioridad fijada en un solo hombre, que parece conservar en sí el poder moral o material, inmune a cualquier idea, prueba o crítica y llevarlo (el poder) a la institucionalidad.

Burdeau, creo que fue quien trató de explicar la anterior idea, indicando que el miedo y no el respeto, llevaron en ese “Estado” en formación a confiar en un hombre más poderoso que otro, solo para garantizar la seguridad a la propiedad.

Esta idea expuesta no de manera tan profunda, me permiten adéntrame en la intención de este escrito a partir de varias preguntas, ¿cuál fue el origen del Estado, porque nació, y cuál es su finalidad ahora? A esto, algunos de esos mismos estudiantes, podría decir, simple profesor, leamos la Constitución.

Y quizás tengan razón, es allí donde debemos buscar las finalidades de ese Estado, y es a partir de esas líneas ‘superiores’ que debemos justificar su existencia.

El problema resulta, cuando parece que esas líneas no corresponden con la realidad, o por lo menos no con las prioridades, de que es el Estado quien debe servir a la comunidad de su origen, y no la comunidad suplicar a su Estado, como expondría Cantinflas en el ‘Ministro y yo’.

Y es que no hay mejor momento para saber, de qué sirve una familia, o quizás el elemento tan importante que brinda una propiedad, en la evolución a una familia cuyo resorte fundamental está sustentado en la herencia, como seguro deberíamos entender a Federico en su libro, cuyo título hoy me apropio para exponer una idea no menos importante.

O también preguntar, para qué esta ‘hecho’ el Estado en tiempos como estos, o mejor aún, para que está un amigo o un hermano en tiempos como estos.

Esa pregunta, me voy a permitir para atenderla, apartarme de los textos reconocidos, de las grandes escuelas Francesas o Alemanas, o de las ideas de economía, para indicar que afortunadamente ya esa respuesta la tengo trabajada y resuelta desde hace mucho tiempo.

Hace varios años fue en La Guajira y por un guajiro a quien tuve la fortuna de tener como compañero de estudios universitarios, y aun el gusto de tener de amigo, quienes resultan ser la mejor escuela y el mejor profesor para ello.

Con él podía compartir las ideas que fueran aprendidas y exponerlas aquí, de hecho ya la respuesta venia trabajada por otro ser más antiguo, pero no menos vigente, que seguro es el mismo a quien pedimos por la noches en estos tiempos, donde el Estado nos ha dejado a la suerte de su estadística y medidas de seis de la tarde.

Este Amigo, me enseño con simples gestos, que él estaba para dar la mano, y recordarte su apoyo, aun cuando sea él quien más lo necesite, me enseñó, que a partir de un gentilicio tan particular, como ‘primo hermano’, te envían un mensaje poderoso de solidaridad, y me enseñó además, que cuando menos lo esperes, irá hasta tierras lejanas a recordarte que está contigo, y que siempre lo estará a pesar de tus ideas, tu color o si comparten canciones, como la que denomina un título de Silvio.

Tal vez esas ideas, que te enseña un Hermano Guajiro, es lo que falta para recordarle a este Estado, su deber Constitucional, para determinar sus prioridades, el criterio de solidaridad, y no mendicidad; o tal vez, si tienen razón quienes indican que los medios de producción definen los intereses del Estado, y la sociedad ha olvidado el acto original de su creación.

En todo caso, que valgan estas líneas, para que ante una pregunta compleja sobre el papel del Estado, se encuentre una respuesta simple según un acuerdo plasmado en una “carta” Política, como referencia de nuestro propósito; y que ello sirva para recordar esa tierra y ese amigo, que por lo menos hoy me permiten precisar para qué está la familia y un hermano, en un Estado que te olvida, a él un abrazo eterno en la distancia, a esta sociedad mirar otras cosas a las seis de la tarde.

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